Estoy en el avión de vuelta de Nueva York a San Francisco. He estado un par de días trabajando en la oficina de Google en Manhattan y de camino al aeropuerto bien pensé que me estaban haciendo una de cámara oculta :)
Me suelo quedar en el Hotel The Standard, que está al lado de la ofi de Google y me encanta la gente y el diseño. Según me disponía a coger un taxi, uno de los chicos que te ayudan con las maletas me dice, va usted a JFK (uno de los aeropuertos de Nueva York)? se lo confirmo y me dice, vente conmigo, tengo que ir a llevar un teléfono móvil a una señora que se lo ha dejado en el hotel, pago yo el viaje. Aunque me pague Google los taxis, siempre está bien ahorrar algo de dinero y CO2 al planeta. Hala pal JFK con el botones.
Tardamos en coger un Taxi pues los de GQ edición UK están haciendo unas fotos a unas modeluquis y hay un lío de taxis del carajo. Por fin cogemos uno al tiempo que otros dos huéspedes del hotel nos preguntan si vamos al aeropuerto. El botones enrollao no duda un momento en extender su generosa oferta a estos dos ingleses, y ahora ya somos 4 y 6 maletas en el taxi. Resulta que la puerta del maletero no cierra y tenemos que coger otro taxi… hemos tardado 15 minutos pero parece que ya estamos de camino.
Con la promesa de una buena propina el taxista hace alarde de la fama que les precede, y con acelerones bruscos y apurando los semáforos cruzamos Manhattan. De camino el botones nos cuenta cómo está estudiando diseño en la Parsons y quiere montar su empresa de gafas de sol supermodernas. Los ingleses con los que me estrujo en el asiento de atrás del taxi son representantes de moda, de Alexandre McQueen… y yo de Salamanca acordándome de Mecano, otra vez :)
Otro taxista le dice al nuestro en su pakistaní originario que la autopista 495 está petada y que coja los atajos de Queens Boulevar. Justo cuando se iba a incorporar de nuevo a la autopista, un tío se le cruza en la vía de acceso y tiene el típico calentón. El gorila de 150kgs que conduce el Toyota 4×4 se cuela delante del taxista, como sabiendo perfectamente lo que hacía, frena en seco haciendo que nos empotremos contra su parachoques. Yo me como la maquinita de pago del taxi y veo como empieza a salir un vapor blanco del motor del taxi… el botones sale escopetado dicendo, vamos, vamos… con una temeridad asombrosa se planta en la mitad de la autopista y para con señales a otro taxi furgoneta que lleva a una señora dentro. Le dice que si nos lleva a todos, él paga el taxi. La señora no lo duda un momento y acepta a que nos metamos en su taxi. El pobre del taxista pakistani se queda con el gorilla, el taxi destrozado y sin un duro… nos persigue según sacamos las maletas de su taxi, pero el botones designer-wanna-be le dice que se joda y que hubiese tenido más cuidado… yo no doy crédito a lo que veo, le doy un billete de 20 dólares y mi tarjeta de visita… los ingleses ni se inmutan.
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A riesgo de quedarme tirao en mitad de la autopista cojo mis maletas y me monto en el taxi que hemos parado. Ahora somos 5 pasajeros, 10 maletas y el nuevo taxista, éste filipino. Cuando estamos llegando al aeropuerto, otro taxista nos hace señales y nos pide que paremos. Le dice a nuestro conductor que es su primer día en el taxi que está intentando llegar a la terminal de Quantas, que lleva media hora dando vueltas y que no sabe dónde está… nuestro taxista se dispone a ayudarle, pero de nuevo el botones desalmado insiste, que se joda, sigue!
Es dificil acostumbrarse a la ley de la selva de Nueva York. Es una ciudad que me encanta, pero que me sigue sorprendiendo por la dureza de su gente.